La historia de Malta es una historia de conquistas y colonizadores.
Fenicios, romanos, árabes, aragoneses, los Caballeros
de la Orden de San Juan y los británicos fueron
sólo algunos de los que aprovecharon su estratégica
ubicación en medio del Mediterráneo para
convertirla en una piezaza clave para controlar el centro
del Mar Mediterráneo.
Aún es posible hallar rastros de estas culturas
en la isla. Desde las tumbas fenicias desparramadas por
toda la isla, la antigua ciudad de Mdina y su pasado árabe,
Valletta, la capital, es un libro abierto acerca de la
historia de la Orden de San Juan, y que decir de la influencia
británica: el manejo por la mano izquierda y las
típicas cabinas telefónicas inglesas son
solo algunos de los recuerdos que dejó su ocupación
de la isla.
En 1090, los normandos la conquistaron para su reino de
Sicilia, el cual pasaría, 300 años después,
al reino español de Aragón. En el siglo
XVI la defensa de la isla fue confiada a la antigua Orden
de los Caballeros de San Juan del Hospital (Hospitalarios).
Desalojados de Palestina, terminaron instalándose
en Malta después de la caída de Túnez,
en 1574. Permanecieron allí más de tres
siglos, conocidos como Caballeros de Malta, hasta que
los franceses los expulsaron, en 1798. El Congreso de
Viena en 1815 reconoció formalmente el carácter
de "Soberana Orden de Malta", y consagró
la soberanía inglesa sobre la isla.
Desde principios del siglo XX los malteses lucharon por
su independencia. En 1921, tras una rebelión popular,
Londres aceptó cierto grado de autonomía
interna, que fue revocada al comenzar la Segunda Guerra
Mundial, durante la que la isla sirvió de base
a la contraofensiva aliada sobre Italia. La heroica lucha
de los malteses elevó su conciencia nacional. En
1947 Londres le restituyó su autonomía y
declaró su independencia el 8 de setiembre de 1964,
aunque Gran Bretaña continuó asegurando
la defensa y asistencia financiera tras la firma de un
acuerdo por diez años. En 1971 llegó al
gobierno el Partido Laborista, que estableció relaciones
con Italia, Túnez, URSS y Libia, de quien recibió
asistencia financiera. Las fuerzas de la OTAN fueron expulsadas
en 1971 y dos años después Malta se incorporó
al Movimiento de Países No Alineados.
Las relaciones con Libia se tensaron en 1980 por las prospecciones
petroleras en la plataforma continental de la isla. El
conflicto fue derivado a la Corte Internacional de Justicia,
con sede en La Haya, y las relaciones bilaterales se normalizaron.
Desde el inicio de la administración laborista,
el Ejecutivo adoptó medidas para reducir el papel
de la Iglesia. El episcopado era dueño del 80%
de los inmuebles y virtualmente controlaba la enseñanza.
El conflicto estalló cuando en 1983 el gobierno
expropió sus posesiones y decretó la enseñanza
laica a nivel de primaria. Finalmente, en 1985 el gobierno
y la Iglesia firmaron un acuerdo que preveía la
gradual vigencia de la laicidad en la secundaria. El Partido
Nacional asumió el gobierno en mayo de 1987. El
primer ministro liberal Edward Fenech-Adami inició
una política de aproximación a Estados Unidos.
Se liberaron las importaciones, se crearon zonas francas
y se impulsó el turismo y la inversión extranjera.
El primer ministro Adami fue reelegido en febrero de 1992,
cuando sostuvo que su meta principal era la integración
a la CE, la que en 1993 declaró que la estabilidad
democrática y la política de derechos humanos
de Malta hacía viable su incorporación a
la Comunidad.
Sin embargo, sus estructuras económicas fueron
consideradas "arcaicas" y se aconsejó
la implementación de "reformas económicas
fundamentales". En junio de 1995 la CE transfirió
ayuda económica a Malta para contribuir con la
reforma de su economía y se anunció que
para fines de 1996 comenzarían las negociaciones
para el ingreso formal del país al bloque.
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